
Maldita sirena.
Eso era lo único que ocupaba la mente del pelirrojo vampiro, aquella sirena que lo había tomado por un humano y había intentado seducirlo. Y vaya si lo hizo bien, aunque era un misterio si aquella carnívora podría obtener lo que deseaba de el.
En todo caso la había traído allí, Erika tenía clara intenciones de atacar a los humanos como tenía su especie por costumbre después de la reproducción con estos, asi que tenia que pagar sus crímenes ante la nueva ley. Ahora tenía al único ser que había logrado excitarlo hasta los límites de que le doliera la erección que seguía teniendo bajo el mismo techo.
El amanecer se acercaba, la sirena había sido encerrada en una de las habitaciones del “pozo”, y el se estaba asegurando que su habitación estuviera cerrada a cal y canto para que nadie le molestara durante el día, y las pesadas y gruesas cortinas tambien estaba cerradas. Wally agito la cabeza, tenía que descansar para recuperar fuerzas, la imagen de la sirena con sus ojos lleno de deseo lista y preparada para el no quería abandonar su mente: aun sabiendas de que aquello era como el perfume que usaban las venus atrapamoscas. Algo irresistible para la deliciosa presa, algo que entendía como depredador, pero lo confundía como macho.
¿Como algo que parecía ser tan banal como lo era para el sacar los colmillos podían tenerlo tanto tiempo en ese estado?
En otra ocasión, a Wally le hubiera bastado una buena ducha fría, pero el solo pensar en el agua hacía que la imagen de aquella maldita sirena viniera a su mente, y la manera en la ella gemía suavemente cuando la abrazo contra el. ¿Cómo sería tenerla bajo suya? Suplicandole para que entrara a ella con auténtico deseo en su mirada.
La sola idea bastó para que inconscientemente llevara su mano al bulto que ya era imposible disimular, intentado pensar que eran aquellas escamosas pero suaves manos las que lo estaban masajeando. Se tumbó en su cama imaginado que Erika estaba de rodillas en el borde pasando sus manos sobre el mientras se desabrochaba los pantalones y liberaba su miembro. No podía mas, necesitaba el roce directo.
Aquella sirena se hubiera sorprendido ante su tamaño, el mismo lo estaba. Todo gracias a esa criatura marina que podría ser la reina de todo lo erótico, al menos así lo era para el.
Empezó a deslizar su mano de arriba abajo a un ritmo lento mientras revivia el encuentro, como ella le había llamado, como se había acercado hasta encontrar a la hermosa figura femenina medio sumergida en el agua con un corto vestido veraniego totalmente pegado a ella debido al agua, mostrando sus curvas junto a los rosados y erectos pezones a través de la tela. Su pene ya empezó a humedecerse de presemen mientras imaginaba lo que hubiera pasado si hubiera dejado a la sirenita seguir con su juego.
Apretó el agarre de su mano imaginado que era el interior de Erika ¿Seria frio o calido? Nunca había estado con una criatura de sangre fía como lo era ella, seguramente seria cálido en aquellos momentos de placer, seguramente las paredes de su interior lo apresaría para que se derritiera ante la deliciosa estrechez.
Llevo otra mano a sus testículos para aumentar las sensaciones mientras empezaba a soltar gruñidos con sus colmillos fuera totalmente ante el deseo de placer y sangre.Quería probar la sangre de la sirena mezclada con su humedad.Quería que ella lo probase a el tambien, esos delgados y pálidos labios recorriendo toda su longitud, se pasó el pulgar por la punta imaginado que era su lengua.
-Arg, Erika…-cerró fuertemente los ojos intentando recordar el grito de pánico y sorpresa al descubrir lo que era en realidad para que imaginación lo convirtiera en gritos de placer.
Aumentó la velocidad de sus manos mientras su mente divagaba sobre dominarla de mil y un maneras y siempre mientras bebía su sangre. No tardó mucho en acabar manchando su camisa.
Maldita sirena…
No hay comentarios:
Publicar un comentario