
Pensar que aún podían haber cazadores de monstruos. Humanos que odiaban a todas las criaturas similares a ellos pero totalmente distintas, que se basaban en antiguas leyendas y cuentos de terror. Deseosos de los supuestos efectos milagrosos que podían tener algunas partes de su cuerpo o simplemente codiciosos de un trofeo que mostrase sus habilidades al poder acabar con alguna de las supuestas bestias.
Como que la carne de sirena daba la inmortalidad.
Y ahí estaba Erika con heridas por todo su cuerpo, tantas que apenas sus habilidades curativas podían hacer algo, sin contar la sangre que había perdido. Los colmillos estaban totalmente fuera de pura ira, pero la ley le impedía poder hacer algo contra esa escoria humana que se había atrevido a ponerle una mane encima a ella. A su sirena.
No llegarían a tiempo al escondite para que Tara pudiera hacer algo con las heridas, solo había una manera de salvarla. Pero el hacerlo supondría consecuencias de mucho peso para ambos, aunque fuera algo que el había pensado.
Darle su sangre. Enlazarla a el.
Pero no sabia si eras algo que la morena podría desear. Poder sobrevivir a cambio de pasar la eternidad con él. En principio no supondría un problema para ella, pero Wally la conocía lo suficiente como para saber que ella no se alejaría de el sabiendo que estaba condenado a beber su sangre para el resto de la eternidad. Atados por la soga de la sangre.
¿Dejarla morir o salvarla como su única fuente de alimentación?
Pero no podía perderla. La amaba. Sabía que ella era la destinada para ser su compañera, Erika y nadie mas. Se llevo la muñeca a su boca, clavándose fuertemente sus propios colmillos perforando su piel hasta la sangre, un poco mas oscura que la de un humano, empezara a brotar.
-Bebe.-suplico posando la muñeca sobre los agrietados labios.-Por favor… bebe.
El alivio que sintió al ver como la morena usaba sus pocas fuerzas por tragar no se podría describir ni en mil años. Como, las heridas se cerraban y las escamas recuperaban un poco de su brillo. Suspiro aliviado mientras la abrazaba.
Solo basto un par de días en el pozo subterráneo del agua encantada para que Erika se recuperase, con suerte hubo luna llena aumentando las capacidades curativas. No podía recordar apenas nada de cuando la asaltaron los cazadores, había un lapso de memoria que abarcaba desde el ataque hasta que empezó a recobrar la consciencia mientras Wally se sumergía con ella en aquel mismo pozo. El vampiro no la había visitado desde aquello, empezaba a preocuparse.
Con suerte le dieron el alta, aun era de día y seguramente el pelirrojo seguiría dormido, pero necesitaba volver a verlo como necesitaba estar cerca del agua. Llego a la puerta y llamó enérgicamente dispuesta a repetir cuantas veces fuera hasta que le contestara.
Abrió los ojos sorprendida cuando Wally abrió, su tez estaba mas pálida de lo normal y bajo sus ojos se mostraban unas terribles ojeras. ¿Cuando había pasado desde que se alimentó?
-Wally…-pero antes de que pudiera terminar de decir nada el vampiro se apresuró a cerrar la puerta.-¡Espera! ¡Tienes que alimentarte!
-No hace falta.-negó pero la sirena totalmente recuperada pudo volver a abrir la puerta sin esfuerzos para adentrarse en la oscura recámara.
-Me salvaste.-lo tomó del rostro para que la mirase al notar como la rehuía.-Si no fuera por ti…
-Era lo que tenia que hacer.
No podía seguir así, lo necesitaba, mas que nunca. Se mordió el labio hasta hacerlo sangrar, algo fácil con sus puntiagudos dientes, y lo obligó a besarla para que bebiera. No supo porque pero aquella vez sintió como mil descargas por cada fibra de su ser cuando sintió los fríos labios sobre ella, empezó a derretirse cuando comenzó a succionar de la herida. Todas las sensaciones que solía sentir cuando se besaban o el tomaba su sangre parecían haberse multiplicado por mil.
Wally la tomo de la cintura mientras bebía, sediento como nunca. Disfrutando del fuerte sabor a sal marina que provenía tanto de los carnosos labios de la sirena como de su sangre. Podía imaginarse el fondo del océano con solo una sola gota, el lazo completado hacía que todo se intensificase de una manera inimaginable. Hasta su deseo creció mas rápido de lo habitual, con la necesidad de estar dentro de ella cada vez más fuerte.
Se separo de ella, sintiendo también su deseo. No por su olor o sus acciones como otras veces, si no por el lazo que ahora les unía. Tenia que decírselo. Se separó dando un último lametón en la hilera de cortes para que se cerraran, consiguiendo un dulce quejido.
-Te hice beber mi sangre.
-¿Que?
-No sabia que otra cosa hacer, Erika.-bajo la mirada hasta sus pies.-Habías perdido tanta sangre y tu corazón cada vez era mas débil. No habría sido lo suficientemente rápido para traerte de vuelta. Si hubieses muerto…. Quizás habría quebrantado la ley.
-Wally…-no sabia que decir. Tenía claro lo que significaba aquello.
-Soy horrible, actúe por egoísmo.-se dejó caer de rodillas.-Tenias que haber aceptado mi sangre consciente, tiene que ser un mutuo acuerdo.
-¡Wally!-lo interrumpió dejándose caer también.-Me salvaste, tú me salvaste. Dándome lo mas valioso que tienes… Estoy orgullosa de ser tu compañera, te quiero.
Volvió a besarle para reforzar sus palabras, el vampiro tenia una expresión de asombro que le hizo gracia. Abrazo todas aquellas nuevas e intensificada sensaciones a sabiendas de que era el lazo que los vampiros formaban al emparejarse, haciéndola sonreír de felicidad. Y aún más cuando sintió las manos del contrario sobre ella, tratándola con ternura y mimo.
Wally la cargó al estilo nupcial hasta la enorme cama del dormitorio, solo separándose de sus labios cuando la dejó en ella. Lentamente fuera apartando las prendas de las sirena, acariciando toda piel que se encontraba, disfrutando del tacto escamoso bajo sus dedos. Besando cada porción de piel con infinito amor.
Aquella vez no fue como las otras, a pesar de que les consumía el deseo y la necesidad de estar juntos fueron poco a poco. Besándose sin parar, bebiendo de las caricias y de las miradas. Cuando el pelirrojo entro en Erika esta lo recibió con un dulce gemido con su nombre, disfrutando de cómo la llenaba cada vez que entraba en ella y lamentando cuando salía. El lazo que compartían ahora hacían que cada poro de su piel, que cada escama, ardiera en una llama que sentían que nunca se apagaría.
Los gemidos eran bajos pero intensos, como lo que sentían. Los besos eran tiernos y apasionados, Wally lleno de besos su cuello antes de morderla para volver a beber. Mientras tragaba aquella ambrosía Erika sintió como su interior se contrajo hasta no poder mas explotando con una intensidad inimaginable para una sesión tan dulce. El vampiro solo se vino cuando terminó de beber su sangre, gruñendo su nombre contra su oído mientras la llenaba con su esencia.
Se colmaron de mas caricias y besos cuando el salió de su interior, sin parar de susurrarse palabras de amor, con solo una excepción.
-Tu sangre sabe mejor todavía en el momento exacto en el que te corres, ¿sabes.-la tomó de la mano para besar el interior de la muñeca rozándola con los colmillos.-Podría morir empachado de ella.
-¿Y también te pasa a ti?-se pasó los dedos por sus dientes. Ella no necesitaba que se mordiera primero para poder tomar su sangre, podría hacerlo por su cuenta desde cualquier parte del cuerpo.
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